martes, 24 de enero de 2012

A falta de palabras...

En la voz de María José Torreblanca

Sin ojos, ni manos; sin boca o papel. Cuando no existe el medio para expresarse, cuando la idea no se vuelve palabra, ni oración; la mente saturada y labios mudos, el hombre se pierde en sí mismo; no habla, no crece, es un ser inocuo sin nada que ofrecer.
Para quienes estamos al tanto de la importancia que tiene el proceso comunicativo  en la sociedad no nos es ajeno el declive que este acto ha estado sufriendo en los últimos  años. Pareciera que a medida que surgen nuevas formas de comunicarnos, crece casi proporcionalmente una barrera que nos impide lograr llevar a cabo aquel diálogo que en épocas anteriores era tan esencial, las reuniones en familia a la hora de comer estaban casi obligatoriamente acompañadas de una charla en la que todos los miembros eran partícipes, el compartir anécdotas, escuchar opiniones o  expresarse sobre los temas de interés  formaban parte de  la interacción de una familia convencional. El  rezago cultural, tecnológico, o de cualquier índole,  no está permitido, y a medida que el ser humano ha ido evolucionando e innovando con el propósito de llegar  a crear un mundo lleno de comodidades y simplicidad en el que se reduzca lo mayormente posible cualquier tipo de esfuerzo, tal parece que se ha reducido también, de igual o mayor manera, aquel primitivo pero necesario instinto de estar con otras personas, no  solamente dicho de la manera en la que dos seres gozan de una proximidad, sino de interactuar entre ellos y de esta manera se dé el tan famoso proceso de emisión y recepción.
Ahora, quienes no tengan la adecuada noción de la importancia de la comunicación pensarán que esta descripción de una sociedad individualista no es tan grave, y que  al contrario, cuanto  más vele el hombre por su bienestar, se generará una ola de armonía colectiva y seres  humanos independientes que habrán llegado a la cumbre de la era tecnológica acompañada de éxitos y logros por doquier. Pero para el infortunio de tan positivas personas, el ser humano se realiza a través de la comunicación, de dar a conocer sus ideas y conocer la de otros, la adquisición de conocimiento no puede efectuarse  cuando  el hombre se aísla en si mismo tratando de volverse autosuficiente y superior a los demás. La comunicación es aquello que hace que se originen nuevas interrogantes, que se compartan opiniones y que a partir del análisis y el estudio se llegue a una innovación que finalmente sea benéfica para todos. El acto de comunicar fue, es y seguirá siendo materia de importancia, y está en cada uno de nosotros evitar que tan vital proceso no se estanque por la llegada de nuevos aparatos, instrumentos o medios, que aunque no lo recordemos, en un primer lugar fueron creados para comunicarnos.

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