En la voz de María José Torreblanca
Comienza la semana como
todas las anteriores, te das cuenta que es lunes y deseas que termine el día;
con los ojos cansados volteas a ver el televisor, sigue encendido en el mismo
canal de la noche anterior. El día comienza y el recorrido hacia la escuela
pasó sin que te dieras cuenta, con los audífonos al máximo ni siquiera notaste
quién se sentó a lado tuyo, te perdiste
el discurso matutino de algún adicto en recuperación. Ya no platicas en clase,
los regaños en la primaria parecen haber surtido efecto; con la mirada ávida
sobre el profesor esperas su distracción para revisar tu celular, las múltiples
vías que podrían avisarte que tienes un nuevo mensaje, están vacías, y sientes un
alivio momentáneo, ahora te aqueja el porqué del vacío. De regreso a casa pasas
desapercibido, la madre viendo la novela en el canal de las estrellas, y los
demás, realmente no lo sabes, supones que los verás en línea más tarde. En el
transcurso del día twitteas y posteas, no te das cuenta pero estás absorbido ya
no por la caja idiota, sino por su precedente. Estás habituado a la dominación
tecnológica, pero para ti es el uso normal que le das, y tienes razón;
aprendiste a través de tus padres y la sociedad que en tus ratos de ocio
bastaba con pulsar un botón para entretenerte, reemplazaste la experiencia y
consejos de los mayores por un buscador universal, la comunicación personal se
volvió un asunto obsoleto y te excusas diciendo que el individualismo te
preparará para los tiempos venideros, eres el nuevo joven en una era
tecnológica, el futuro del país, un país sin relaciones personales y me
atrevería a decir que sin afecto verdadero.
¿Identificado?,
la primera sociedad con la que tenemos contacto es la familia, y si desde el
núcleo familiar se nos inculca la búsqueda de un apoyo o soporte en los medios
electrónicos que suplan el acercamiento, la calidez de un abrazo, y la
experiencia que se tiene al establecer un contacto humano directo, junto con
todo lo que podemos oler, percibir y observar de dicho contacto, es natural que
las nuevas generaciones crezcan con una idea errada de la comunicación;
conocerán los avances, ventajas y múltiples beneficios que traen consigo todos
los fenómenos tecnológicos, pero, desconocerán el principio fundamental que dio
pie a todo lo que conocen, a esa forma de vida tan completa y tan vacía a la
vez. Pero no es tarde, empecemos a cambiar esta conducta de dominación,
comencemos con la comunicación familiar, desde donde se desprende la esencia
del ser humano, aprendamos nuevamente a relacionarnos y expresarnos; si el
hombre ha sido capaz de innovar miles de complejos artículos para su comodidad,
la tarea de volver a sus raíces no será problema.
Ese rescate de la convivencia en familia y con los amigos, es decir, la recuperación del sentido de la comunidad tradicional –no la virtual- está en ustedes los jóvenes.
ResponderEliminarLas nuevas generaciones que vivirán muchos más cambios tecnológicos, pero que no deberán olvidar el valor de la palabra hablada y comentada cara a cara; matizada por la sonrisa, el color y calor de la voz y la fuerza del contacto físico. (MB)