En la voz de Yubel
Sánchez.
Un martes igual a muchos,
no recuerdo la fecha exacta, “el güero”, como lo mencionó mi papá en una de las
tantas anécdotas que me ha contado sobre su juventud, fue baleado por tres
sujetos armados.
Ese día,
saliendo de clases fui a visitar a mi abuela, caminaba aproximadamente tres
casas antes de llegar y ya podía escuchar el sonido ensordecedor de la maquina
cortadora de mi padre. Entré sin tocar, vi la sala de madera con cojines cafés
y un cuadro grande rebosado de tonos azules que siempre me ha gustado observar,
al fondo él trabajando en alguna ventana de aluminio color natural cromado.
Saludé a mi papá y entre un fuerte abrazo y un beso en la cabeza me dijo -¿te
acuerdas cuando te conté sobre el güero?- Si, contesté inmediatamente sin
siquiera haberlo recordado realmente, entonces mi mente empezó a buscar entre
tantas historias que ha amenizado nuestras comidas y recordé; mi padre tenía un
perro que adoraba, se llamaba “Bobby” de ninguna raza en especifico. Un día
tomándose unas cervezas con sus amigos cerca del taller mecánico de “el güero”,
Bobby quien siempre estaba cerca de mi papá merodeaba en busca de comida
supongo el taller mecánico, el güero sin saber de quien era el perro lo pateo
fuertemente en el estomago, simplemente no lo quería ahí. El pobre perro salió
corriendo entre aullidos para con su dueño. Papá al darse cuenta de la saña del
golpe, se levanta y dice –Bueno ¿Qué te hizo el perro?, a lo que el güero contestó
– Ah ¿es tu perro?, y soltó algunas carcajadas. Su risa alteró el enojo de mi
padre, nunca ha sido una persona muy tolerante que digamos, se dirigió a él y
de un golpe lo sentó en el piso, según su historia. Desde esa ocasión se desataron conflictos entre
ellos, aun siendo vecinos desde mucho tiempo atrás, hasta que un buen día se
dieron la mano y limaron asperezas.
Todo eso
pasaba por mi mente, recordando, mientras escuchaba a mi papá decir – Pues lo mataron hace rato –
me contó como la policía había llegado de nuevo tarde al lugar de los hechos;
el taller “El güero”, que se encuentra hasta la fecha a espaldas de la casa de
mi abuela, dividido ambos domicilios por tan solo una barda de ladrillos sin
pintar. Me entró ese escalofrío que se siente al pensar en la muerte propia o
de quien sea, me acordé que el señor a quien no conocí pero llegué a ver en
distintas ocasiones llevando a su hijo a la escuela; un niño de aproximadamente
8 años, me sentí mal por él, peor aun cuando mi padre al continuar su platica
me dijo que el niño, quien asiste a la misma escuela que mis hermanos, estaba
ahí, en el taller junto a su padre al momento del atentado, los criminales no
le hicieron nada y al mismo tiempo le hicieron lo peor.
Al día
siguiente, en primera plana de “La i” y “Primera Hora”, entre un título escandaloso
y una imagen ofensiva carente de toda moral y principio ético, estaba el Güero.
Mi mamá lo conocía, al ver la imagen en el periódico se quedó sin palabras, ni
siquiera quiso leer la nota. Me puse a pensar en la mamá de este hombre, la
esposa, y más que nada en el niño, el trauma que el suceso debió ocasionarle, y
aparte tener que lidiar con el recuerdo plasmado en un medio público para
siempre.
No sé si el
güero estaba metido en “malos pasos”; profesión con la que marcan a todos los
que han sido colgados, descuartizados, balaceados, etc., y esa fue la razón de
su final fatal pero no me importa, ni tiene porque importarle a la sociedad
mazatleca, ni a los reporteros, ni a los empresarios dueños de los periódicos. ¿En
qué momento alguien que siempre ha sido irrelevante para la sociedad, los
reporteros y los empresarios se vuelve importante, se vuelve noticia, se vuelve
digno de una primera plana?, ¿En qué momento los niños aprendieron qué es una
AK47?, ¿En qué momento se volvió más importante vender algunos ejemplares más
que el respeto a la vida humana?, ¿En qué momento nos convertimos en monstruos
hambrientos de sangre alimentados por monstruos hambrientos de plata?
No estoy en
contra de informar, pienso que los periódicos son una fuente de información
importante, indispensable. Estoy en contra de cada título exagerado y burlesco,
cada imagen sangrienta carente de ética y moral, cada lector morboso, cada
reportero inconciente, cada empresario avaro, cada uno de éstos le quita
credibilidad al medio de comunicación escrito más viejo.